"Gracias a Dios la gente puede cambiar."


Si no sos creyente tomá la frase como un dicho popular.


Si sos creyente, bueno, no hace falta aclaración alguna.


Pero lo importante es que todos sabemos que podemos cambiar, es decir que no somos un producto terminado sino que más bien somos un conjunto, para nada ordenado, de pruebas y errores.


Y el cambio está desde el principio de nuestras vidas y pasa por todas nuestras etapas. Desde el colegio hasta aprender a caminar, pasando por boyar entre oficios/profesiones o cambiar de pareja hasta encontrar la adecuada. Siempre está con nosotros, pero, claro, muchas veces encontramos ese lugar en donde nos sentimos cómodos y, al menos eso, ya no lo cambiamos.


Pero ¿el sólo hecho de que exista la posibilidad de cambiar (porque muchas veces no lo hacemos) nos libra de lo que hicimos en otro tiempo, o sea, antes de haber cambiado?


Para dar un ejemplo burdo: un asesino que se reforma y deja de serlo ¿ya no carga con la culpa de los asesinatos que cometió antes de reformarse? Y ojo que hablo de la culpa interna, no hablo de juicios de terceros o de la sociedad. Hablo específicamente del juicio interno.


Y si aceptamos entonces que ese asesino reformado nunca podrá sacarse la culpa de los asesinatos que cometió (justamente porque se reformó, es decir, cambió, y por lo tanto puede discernir que antes del cambio había cometido un error, por decir lo menos) ¿puede ese asesino levantar el dedo y acusar a otro asesino con vehemencia o hacerlo "desde arriba de un pedestal"?






A lo que voy es que si alguien cambia y se da cuenta de su error, y por lo tanto tiene que vivir con el haberlo cometido, no me parece plausible que pueda levantar el dedo acusador con quien esté cometiendo el mismo error. Como mínimo sentirá pena de ver a alguien en ese lugar en el que estuvo antes y como máximo intentará ayudarlo a ver el error y luego a cambiar.


Obviamente estoy contemplando el escenario en que el que cambió lo hizo en serio y no a medias tintas... digo, para que se pueda seguir mi razonamiento.


Y entonces podemos inferir que los únicos que podrían levantar el dedo acusador serían aquellos que no cometieron el error antes. Pero como estamos en constante cambio (y aparte somos falibles) ¿quién nos asegura que no vamos a cometerlo en un futuro? O en el peor de los casos ¿quién nos asegura que el día de mañana no pensemos que ahora estamos equivocados y que cometer ese error es "lo correcto"?


Pero entonces ¿quién es el que puede levantar el dedo acusador?


La única respuesta que se me ocurre es que aquel que puede levantarlo es quien, o es perfecto, o no se dio cuenta de que está cometiendo el mismo error.


Y si sos creyente no crees en la perfección del ser humano.


Y si no lo sos, serías o demasiado soberbio si pensás que el único ser humano perfecto sos vos, o tendrías un complejo importante si pensás que otra persona (que no sos vos) es el perfecto.


¿Qué nos queda entonces? ¿Quién es el que puede levantar el dedo acusador?


Como decía una mujer que me enseñó mucho "les dejo la pregunta en el aire."




Y toda esta disquisición o ejercicio mental surgió de una frase que lei en una revista.


Esa frase la dijo una persona que trabajó codo a codo con uno de los personajes más nefastos de la historia de mi país.


Una persona que se dedicaba a entrar a los canales de televisión y, a punta de pistola, les decía a actores, periodistas, directores y productores que si no cambiaban y se alineaban con el discurso oficial podían "terminar mal".


Y en esa época se sabía que, a pesar de estar bajo un gobierno democrático, existía una organización paragubernamental llamada "Alianza Anticomunista Argentina" que, liderada por el Ministro de Bienestar Social de la Nación (José López Rega) se dedicaba a secuestrar, torturar y matar a quien creía un opositor político.


Y la frase que leí es esta:






Extraída de una nota que pueden leer acá de la Revista XXIII en su edición 691 del 29/09/2011. 


Revista hecha por gente que, seguramente, hubiese sido víctima de aquel Terrorismo de Estado del que, todavía, no nos animamos a hablar. Aquel Terrorismo de Estado que ocurrió durante un gobierno democrático.

M.

El primer contacto trajo consigo una confusión. Ellos aseguraban que eran libres viajeros del tiempo. O por lo menos eso entendió nuestro emisario.


También aseguraban que sólo podían desplazarse hacia adelante en el tiempo. Y eso nuestro emisario también lo mal interpretó.


Quizás por el aspecto parecido al nuestro, quizás porque el sonido que emitían de sus bocas eran como nuestras palabras... vaya uno a saber por qué, pero luego de varios minutos en que la conversación seguía los cursos normales de cualquier primer contacto, nuestro emisario logró entender que su concepción del tiempo era como la nuestra. Un antes, un ahora y un después.


Y de nuevo lo mal interpretó.



Se puede decir que el conocer seres supuestamente distintos genera mucha expectativa. Y que esa expectativa se fue destruyendo, sea por la apariencia, sea por el uso del lenguaje, sea porque los supuestos "distintos" creían que vivir con un pasado, presente y futuro era viajar en el tiempo.


Pero también se puede decir que la vanagloria del emisario le jugó en contra en sus interpretaciones e hizo que el primer contacto terminara mal.


Porque cuando nuestro emisario les explicó con su tono condescendiente que eso no era viajar en el tiempo y que nosotros también lo percibíamos de esa manera, es decir que teníamos un pasado con cosas que ya ocurrieron, un presente que ocurre en este instante y un futuro que no sabemos lo que nos depara, lo entendieron como una ofensa y se fueron.


Y su argumento demostró que eran más avanzados que nosotros y que creernos sus iguales no sólo fue una mala interpretación, sino no querer ver más allá de lo que podemos percibir.


Y su argumento nos demostró que no somos viajeros del tiempo, sino sus prisioneros. Y esa cruda verdad nos dolió tanto como cuando se fueron sin siquiera decir adiós. Nos dolió como raza, nos dolió a todos los humanos porque nos mostró lo insignificantes que somos y todo lo que aún no sabemos.


Y cada vez que recordamos cómo lo argumentaron, cada vez que recordamos sus exactas palabras, cada vez que recordamos sus ademanes y cómo nos humillaron... cada vez que hacemos eso... les estamos dando la razón.


No nos movemos libres en el flujo temporal, sino que nuestro tiempo está constituido por todos esos momentos que recordamos y a los que quedamos, por alguna u otra razón, atados.


Estamos atrapados en esos momentos que ellos llamaron "anclas psicoemocionales" que no dejan que avancemos, que podamos ser libres viajeros del tiempo.


Y esa argumentación, en ese preciso momento, cambió para siempre a nuestra raza que se supo esclava, prisionera.


Y ellos, obviamente, no nos recuerdan.


M.

Hace casi un mes tuve la suerte (y digo la suerte porque me enteré por pura casualidad) de asistir a una celebración especial que se hizo en el anexo del Honorable Senado de la Nación.


Esta celebración era en conmemoración de un día en especial, uno de esos tantos días de conmemoraciones que tiene nuestro calendario. Conmemoraciones especiales que muchas veces hemos visto casi con horror cívico como la declaración de uno de estos días es lo poco que han realizado en sus mandatos muchos de nuestros representantes, tanto de la cámara baja como de la alta.

Esta celebración tenía una organizadora, diputada ella, y varios otros legisladores (tanto diputados como senadores) que la respaldaban, no sólo acompañando la iniciativa con mensajes de apoyo o declamando que estaban totalmente de acuerdo, sino tomando la palabra en alguno de los paneles o haciendo acto de presencia.
Algo a remarcar es que había legisladores de diversos partidos políticos e ideologías, lo cual no generaba en el evento la sensación de proselitismo reinante en este año 2011.

De los distintos paneles participaron, aparte de algunos legisladores, abogados, médicos, jueces, presidentes de academias de ciencias, directores de asociaciones y también 2 artistas de la música nacional. Todos muy interesantes y con grandes aportes al tema en cuestión (aunque debo ser sincero, en muchas ocasiones, al ser cuestiones más técnicas, mi ignorancia me dejaba un poco abrumado).

Pero lo que más me llamó la atención es que se tuviera que hacer tanto hincapié en que eso que se celebraba era algo respaldado por ley, por otros muchos escritos legales (incluída la mismísima Constitución Nacional y varios tratados internacionales a los que la Argentina adscribe) y que el no respetar dichas leyes estaba mal.

A ver si puedo dar un ejemplo muy básico... era como estar en un lugar donde grandes catedráticos, científicos y personalidades, con mucha currícula y con mucho respaldo legal, estuvieran diciendo una y otra vez que en la República Argentina existe el derecho a la propiedad privada y que el robar es un delito.

Sí, así como suena de básico, y hasta medio estúpido, parecía que tenían que respaldarse una y otra vez en los distintos artículos de las antes mencionadas leyes para demostrar que algo era legal.

Sí, también, suena extraño tener que ir por la negativa, es decir que no se decía que algo era ilegal sino que se respaldaba lo que era legal, pero fue así como lo viví.

Porque, claro, para cualquier chico con mínimas capacidades de entendimiento lo que es suyo, es suyo, y lo que no, no. O sea, se lo enseñan en el jardín, luego se lo vuelven a enseñar en la escuela primaria y después como que se da por sobre entendido, porque en su casa es así, sus padres también lo aprendieron de esa manera, sus abuelos también y si seguimos para atrás vamos a ver que siempre hubo la idea de que tomar algo que no es propio está mal.

Y no hace falta hablar el mismo idioma para entenderlo, es decir, un extranjero tiene la misma concepción, por lo que no es algo cultural.

Es decir, tener que avalar con artículos e incisos de leyes y con documentos científicos y académicos algo que es tan obvio podría parecer una pérdida de tiempo.

Pero claro, el día que se celebraba no era el día de la propiedad privada, sino el del niño por nacer.

¿Cómo? ¿Existe un "Día del Niño por Nacer"?

Sí, existe, se celebra desde 1999 y fue creado por el decreto 1406/98 (ACÁ el texto completo), que se basa, entre otras cosas, en el Artículo 75, incisos 22 y 23 de la Constitución Nacional Argentina (que se puede leer ACÁ), y que tiene una parte que para mi es fundamental:

"Considerando: ...Que el derecho a la vida no es una cuestión de ideología, ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana."




Pero parece que los legisladores, jueces, académicos, científicos, abogados, médicos y todos los disertantes tuvieron que dar las bases teóricas en sus exposiciones para algo tan simple como decir "el derecho a la vida es una emanación de la naturaleza humana."

Entonces me pregunté ¿por qué tuvieron que hacerlo? Y reflexioné, y reflexioné... ¿no es algo tan lógico como el derecho a la propiedad privada?

Y esperé hasta el día de hoy para escribir esta entrada porque el 1º de marzo, en la apertura del 129° período ordinario de sesiones del Congreso Nacional, la Señora Presidente de la Nación Argentina anunció en su discurso que iba a extender la Asignación Universal por Hijo para Protección Social a las mujeres embarazadas a partir de la duodécima semana del embarazo (ACÁ el anuncio oficial)... y algo me hizo ruido.


Pero esperé a que se reglamente esa extensión (porque sabemos que una cosa es lo que se dice en los discursos y otra es cuando se va a la letra de la ley) y sí, en el Boletín Oficial del día 19 de abril de 2011 (ACÁ lo pueden leer) se reglamenta que la mujer embarazada a partir de la décimo segunda semana de gestación tiene el derecho de cobrar un monto de Asignación Familiar como si su hijo ya hubiese nacido.


En realidad yo podría estar contento porque se está reconociendo que el niño no nacido tiene los mismos derechos que uno que sí lo ha hecho... bah! en la Constitución Nacional dice que:


"Corresponde al Congreso... Dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia."


Pero entonces ¿por qué me hace ruido todo esto?


¿Será porque dice que a partir de la semana duodécima?


No, en realidad no... porque sería lo mismo que dijera tercera, trigésima o cualquiera. Porque creo que la cuestión es ponerle una temporalidad a la cosa.


O sea... La Constitución Nacional dice "desde el embarazo" entonces me pregunto ¿y cuándo empieza el embarazo? ¿cuándo es que una mujer empieza a estar embarazada? ¿cuándo es que hay un nuevo "niño por nacer"?


Y responder esto es casi como responder ¿desde cuándo hay vida? o si buceamos más profundo en la pregunta ¿qué es la vida?


Y acá entramos en un brete, porque cada uno con su paradigma, con su "túnel de realidad" (como decía Timothy Leary) podría responder estas preguntas de distinta manera... pero ¡momento!


Porque podemos contestar cada uno como su túnel de realidad se lo permita, pero mientras tanto, por lo menos en la República Argentina, hay una LEY que dice "...desde el embarazo...". Y las leyes están para dar un marco normativo (o sea, son una norma) que engloba esos distintos paradigmas.


Y de última si la ley queda obsoleta se puede modificar, por ejemplo hace mucho tiempo teníamos una ley que decía que era legal tener esclavos y luego se modificó, así de simple.


Pero claro, dar un debate serio en la sociedad actual argentina para definir cuándo empieza la vida o simplemente qué es la vida... puff! suena muy difícil, ¿no? Digo si ni siquiera podemos ponernos de acuerdo sobre la reglamentación de la publicidad oficial.


Mientras tanto, entonces, tendremos que hacerle caso a las leyes vigentes, a los tratados internacionales que la Argentina adscribe y a la misma Constitución Nacional... Pucha! Al final terminé haciendo lo que hacían los grandes catedráticos, científicos y personalidades, con mucha currícula...


M.

"Nadie sabe cómo ser padre."


Hace mucho tiempo leí esta frase y no sólo no sabía qué quería decir, (obvio, hasta que lo fui) sino que la creía una frase hecha, un leit motiv que alguna marca de pañales podría tranquilamente usar para su nueva campaña publicitaria.


¿Y qué es "ser padre" exactamente? ¡Gran pregunta!


Hasta el día de hoy, y con 4 hijos en mi haber, no puedo asegurar que sea más que intentar hacer el menor daño posible, cercenando la menor cantidad de posibilidades, a un cerebro con potencialidad infinita.


Y en este 29 de abril, "día del animal", no puedo dejar de pensar en las mascotas que desde mi paternidad han acompañado a mi familia... y cómo comunicamos sus distintas muertes a nuestros hijos.






- Primero fue Shinji, el hámster que terminó siendo un jerbo.
Ese que caminaba arriba mio y de mi hijo mayor cuando lo soltábamos en la bañadera y no sentábamos para jugar con él.
Ese que corría y corría en su rueda y casi no nos dejaba dormir por el ruido.
Una mañana me desperté y lo encontré escondido en el aserrín, abajo de una escalerita que tenía para jugar.
Duro, como una piedra. Un recuerdo horrible.
La decisión fue simple, como no se puede reemplazar, tuvimos que decirle enseguida al niño que se había muerto. Por lo tanto: explicación sobre la muerte, explicación sobre el tiempo de vida de los animales, abrazarlo mucho al escuchar sus llantos y pensar que algo mal hicimos al decirle la verdad.


- Segundo fueron los hermanitos (Nito y Benito). Dos hámsters (estos sí eran hámsters) que saltaban todo el tiempo y sacaban la tapa de la jaula, escapándose.
Muchos más ruidosos que Shinji y, por su habilidad de escapismo, duraron mucho menos: volviendo de un paseo, al abrir la puerta del departamento encontramos la jaula vacía y a pesar del grito "¡cierren la puerta rápido!" nunca quedamos 100% seguros de que no se haya escapado e ido directo al pozo del ascensor.
Lo que sí estamos seguros es que uno de ellos se transformó en un hámster bagual, salvaje, berserk. Porque después de pasar unos cuántos días de vivir en la libertad del departamento (sin nuestro conocimiento), lo encontramos y, mordiscos a mis dedos mediante, cuando lo metimos de nuevo en la jaula, murió de pena por su encierro, e inanición por no querer injerir comida alguna.


Acá al decisión se dividió en dos:

a) Al principio los dos habían escapado y no sabíamos dónde estaban. No podíamos asegurar que estuvieran muertos.


b) Cuando el hámster bagual quedó patas para arriba en la jaula, y luego de llevarlo al veterinario para saber qué había pasado, la explicación dada al niño fue: "Según el veterinario, mientras estuvo suelto debe haber comido algo que terminó enfermándolo... no había mucho que se pudiese hacer."
Por lo tanto esta vez la reacción fue distinta, si bien hubo llantos, no fueron de la misma intensidad. Sea porque los hermanitos estuvieron menos con nosotros, sea porque ya había entendido qué era la muerte, sea porque la enfermedad fue un aliciente... hasta el día de hoy no estoy seguro.


- Tercero fueron los peces... sean ellos Barbitón, Saltarín (también conocido como Lázaro), Ojitos, Bolitas, Colorado, Bigotes y tantos otros.
El primero en abandonarnos fue Ojitos, un Carassius Telescopio todo negro con toques dorados. Una hermosura a la vista... salvo cuando lo encontrás flotando panza para arriba.






La solución fue simple, correr al acuario y comprar uno parecido. Por lo tanto le ahorramos el dolor al niño de enfrentarse otra vez con la fatalidad.
El problema fue cuando el agua contrajo una bacteria y, al mejor estilo película catástrofe, fueron cayendo de a uno (bah! en realidad flotando panza para arriba).
La solución, en este caso, fue salir corriendo al veterinario y preguntar por un pronto auxilio y rescatar frente al niño a los sobrevivientes. El hecho de que hubiese sobrevivientes ayudó bastante a la aceptación de la muerte de los que no lo fueron.
Eso sí, el ver la pecera más vacía era un dolor en el alma.


Por lo tanto, cuando nuevamente dio su último respiro Ojitos (en realidad el primer último respiro de Ojitos 2º), la solución fue decirle al niño que tuvimos que llevar a su mascota al veterinario para internarlo ( hasta poder encontrar otro parecido, obvio).
El problema fue cuando no pudimos encontrar uno del tamaño exacto de Ojitos 2º... la excusa utilizada para no nombrar lo inevitable, fue que el médico le dio un remedio que hizo que se achicara un poco.


Y acá se generó un quiebre importante. Porque, o el niño (ya de 4 años) no nos creyó del todo y terminó aceptando nuestra palabra por ser nosotros sus "omnipotentes" padres, o no quiso decirnos la verdad para no lastimarnos, para que no nos duela, o sea, no quiso contarnos lo que él ya sabía... el veterinario nos había dado otro pececito que no era Ojitos.
Por todo esto su siguiente expiración (en realidad la primera de Ojitos 3º) no fue tan traumática.


Los últimos habitantes de la pecera fueron Barbitón (una carpa que nunca supimos exactamente la variedad) y Bigotes y Saltarín (Lázaro) (dos Corydoras aeneus).
Barbitón no fue muy llorado y, aparte, lo encontró flotando mi hijo, por lo que, quizás por acostumbramiento, quizás por verlo directamente, en su muerte no pudimos hacer nada como padres.


Con las Corydoras el asunto fue distinto. Al entrar al departamento el niño patea algo y se corre asustado, los rápidos reflejos de su padre agarran al supuesto cadáver del hasta ahora Saltarín y lo deposita de nuevo en la pecera para, segundos después, ver cómo debíamos cambiarle el nombre a Lázaro.


La alegría del niño al ver nadar de nuevo a uno de sus dos únicos pececitos sobrevivientes duró, inclusive, hasta al ver a Bigotes flotar panza para arriba. 


No importaba que Bigotes nos hubiese dejado, porque la fuerza de vida que Saltarín (Lázaro) demostraba a pesar de haber sido pateado y lastimado por su pie era suficiente. O quizás en su corazón de niño empezaba a formarse una costra que combatía los feos sentimientos y verdades inevitables como la muerte de una mascota.


Saltarín (Lázaro) duró un montón de tiempo más, siendo el único sobreviviente de un cardúmen de casi 10 miembros (incluyendo las versiones 2 y 3 de Ojitos).
Los llantos por su partida fueron duros, pero la decisión de abandonar el Acuarismo dio un aliciente: no ibamos a tener que sufrir nuevamente.


- Cuarto (y actual) fue Quelonio. Una hermosa tortuga bebé (que nunca supimos el sexo), que estuvo con nosotros más de un año. En su terrario y, de vez en cuando, caminando por el piso y dejando sus pequeñas heces, Quelonio fue un gran amigo.
Durante el invierno el susto fue mucho, porque no sabíamos que las tortugas invernaban. Entonces muchas mañanas, para evitar que el niño y la niña encontraran el cadáver, tocaba yo al quelonio para ver si reaccionaba. Gracias al cielo lo hacía.





Y esa caricia matutina se volvió casi un ritual, una manera de, quizás, alargarle la vida. Y Quelonio contestaba sacando su cabeza y saludándome, mientras un aliviado suspiro salía de mis labios.


Quelonio era saludado cuando todos salíamos de la casa con un "Chau Quelonio, no nos extrañes" o "Volvemos en un rato Quelonio" o "La casa no queda sola porque Quelonio la cuida". Siempre de la boca de la niña o de los adultos. Claro, el niño ahora es grande y ya no está para esas cosas, o sabe que las mascotas pueden morir y, entonces, ¿para qué encariñarse?


Pero una mañana, hace ya 3 semanas, cuando fui a cumplir mi ritual y volver a respirar aliviado, Quelonio estaba dado vuelta, con una infección en la parte baja de su caparazón y ya no reaccionaba a mis caricias.


La reacción fue, entre lágrimas, inmediata: tenía que despertar a mi mujer y consensuar qué hacer al respecto antes de que los niños lo encontraran. La solución a la que llegamos fue rotar el terrario para que no se vea que la pobre tortuga no se movía, mientras en el día yo iba a buscar a Quelonio 2º y rogar que los niños no fueran a buscarlo para sacarlo a pasear por el piso.


El problema es que las tortugas no se pueden vender legalmente ya que son una especie en peligro de extinción. Por lo que durante ese día, y habiendo recorrido varias veterinarias, acuarios y casa de mascotas, no pude encontrar una del tamaño adecuado.


Porque, claro, no me importa infringir la ley si puedo evitarle a mi hija todo lo que sufrió su hermano mayor con la muerte de Shinji. Mucho más ahora que vi cómo al decirle que estaba en el veterinario porque estaba enfermo (sí, mentira recurrente), se le llenaban los ojos de lágrimas... al igual que a su hermano mayor (a quien yo creía ya curtido en el tema).


Y la cosa se alargó... porque encontrar a Quelonio 2º está siendo mucho más complicado de lo que parecía. Lo que me hizo replantearme la cuestión sobre si está bien el mentirles sobre la muerte... o por lo menos ocultársela hasta que sean más grandes...


Y realmente no tengo una respuesta... ¿qué es correcto e incorrecto al momento de criar a un hijo? (obviamente hay cosas incorrectas que se pueden hacer para con un niño, pero mi pregunta va a quienes realmente quieren CRIAR un hijo).


Lo máximo que puedo hacer es no volver a repetir errores ya cometidos y esperar a que mis hijos sepan entender cuando sean adultos que no fueron hechos a propósito, sino por mis carencias, mis fallas, mi inexperiencia en el tema, pero siempre pensando que fue lo mejor para ellos.


Y claro, como nadie sabe cómo ser padre... los míos tampoco. Por lo que habiendo aceptado que sólo hago lo que creo mejor para mis hijos, y muchas veces puedo estar equivocado, sólo me queda amar cada vez más  profundamente a mi padre y a mi madre por todo lo que hicieron por mi, aunque en algunos momentos no los haya entendido y hasta los haya reprochado. Porque lo importante es que ellos pensaban que era lo mejor para mi.


Y al final de cuentas es lo único que importa.




M.




PD: A la lista de mascotas se suma Manchis, una hermosa gata tricolor que tuvo que ser regalada cuando quedamos embarazados de nuestra tercera hija. La gata se encuentra con su nueva familia, pero siempre la recordamos, por su majestuosidad, sus largos bigotes y más cuando todavía vemos en las piernas de mi hijo mayor las cicatrices de sus arañazos.



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